Sobre la soledad
Estar solo/a no es lo mismo que sentirte solo/a: lo que la soledad viene a contarte
¿Y si esa soledad que a veces te atraviesa, incluso rodeado/a de gente, no fuera una señal de que algo falla en ti, sino un mensaje que llevas tiempo sin pararte a escuchar?
Hay una confusión muy extendida y es pensar que la soledad se mide en compañía, en cuánta gente hay alrededor, en si el móvil suena o el fin de semana está lleno de planes, y sin embargo hay personas rodeadas de otras que se sienten profundamente solas, y personas que viven solas y no sienten esa herida en absoluto, porque la soledad de la que hablamos aquí no es geográfica, es la sensación de no sentirte visto/a, ni siquiera cuando hay alguien delante.
Y quizás el primer paso sea justo ese: dejar de tratarla como un fallo personal, como si sentirte solo/a fuera la prueba de que algo en ti no funciona, y empezar a escucharla como lo que probablemente es, una señal, incómoda pero honesta, de que hay algo en tus vínculos que necesita más cercanía real.
La soledad no es una etiqueta, es una señal
Cuando alguien llega a consulta hablando de soledad, casi nunca es de golpe, suele ser algo que se ha ido acumulando, un cansancio de sonreír en los planes, una sensación de estar de más incluso entre amigos de toda la vida, y lo primero que solemos hacer es quitarle a esa soledad el peso de ser un diagnóstico sobre quién eres, para devolverle su función original: avisarte de que algo en tus relaciones necesita revisión.
No se trata de tener razón sobre si mereces o no compañía, se trata de entender que la soledad, igual que el hambre o el frío, es información del cuerpo, y que ignorarla durante años, disimulándola con actividad o con gente de fondo, no la hace desaparecer, solo la aplaza.
Estar rodeado/a y sentirte solo/a
Esto es lo que más sorprende cuando lo nombramos en voz alta: se puede tener pareja, familia, un grupo de amigos activo en el chat, y aun así sentir esa distancia rara, esa sensación de que nadie sabe realmente cómo estás, porque una cosa es la presencia física y otra muy distinta la presencia emocional, y son precisamente los vínculos donde no hay espacio para mostrarte tal cual eres los que más soledad generan, aunque estén llenos de gente.
Sebastián León hablaba de la importancia de los vínculos que sostienen de verdad, no los que simplemente ocupan espacio, y ahí está la clave: no se trata de tener más gente alrededor, se trata de tener a alguien, aunque sea una sola persona, con quien no haga falta actuar.
La soledad no se cura llenando la agenda, se cura dejando que alguien te vea de verdad, aunque dé vértigo.
El cuerpo también se queda solo
La soledad no vive solo en los pensamientos de las tres de la madrugada, vive también en el pecho que se encoge un domingo por la tarde, en ese vacío raro después de una celebración rodeada de gente, en la sensación física de no tener a quién llamar cuando de verdad hace falta, y el cuerpo, otra vez, lleva la cuenta de todo eso aunque la mente insista en que no pasa nada.
Trabajar la soledad en terapia pasa muchas veces por ahí, por dejar de silenciar esa sensación corporal y empezar a preguntarle qué necesita, en lugar de tapar el vacío con más ruido, más pantallas, más planes que no llenan.
El reencuadre existencial: la soledad como parte de estar vivos
Yalom hablaba de la soledad última, esa que nadie puede quitarte del todo porque forma parte de ser una persona separada de las demás, con su propia experiencia intransferible, y aceptar eso no es resignarse a estar solo/a, es dejar de pelear contra algo que, en cierta medida, siempre va a estar ahí, para poder ocuparte de lo que sí depende de ti: construir vínculos donde esa soledad de fondo se acompañe, aunque no desaparezca del todo.
José Luis Marín decía algo parecido cuando hablaba del encuentro real entre dos personas: no se trata de eliminar la distancia que siempre existe entre un yo y un tú, se trata de acercarse a ella con honestidad, sin fingir que no está, y ahí, paradójicamente, es donde más acompañado/a te puedes sentir.
Practicar el acompañamiento: pequeños puentes hacia el otro
No hace falta resolver la soledad entera de una vez, a veces basta con un gesto pequeño: escribir a esa persona con la que hace tiempo que no hablas de verdad, decir cómo estás en lugar de responder bien cuando te preguntan, quedar con alguien sin necesidad de que el plan sea perfecto, y dejar que, poco a poco, algún vínculo empiece a sostener de verdad.
Y si ahora mismo no encuentras a esa persona, también se puede empezar por aquí, por un espacio donde no haga falta fingir que todo va bien, donde se pueda hablar de la soledad sin que suene a fracaso, y donde, con el tiempo, se aprenda a construir vínculos que sí sostengan.
Si te reconoces en esto, no hace falta que lo lleves solo/a
Podemos mirar juntos de dónde viene esa soledad y qué vínculos necesitas cerca. Trabajo este tema en consulta en Hortaleza (Madrid) y también online.
También puedes leer más sobre este trabajo en la página de soledad.
Hola, soy Andrea
Soy psicóloga sanitaria en Hortaleza y online, pero también la que se planta en cualquier rincón del mundo dispuesta a probar el plato más raro del menú, y la que tiene la casa tomada por figuritas de anime y manga que se van acumulando sin remedio (y sin arrepentimiento). En casa también manda Korgo, mi perro, que tiene muy claro que la mejor compañía es la que no exige perfección, solo presencia.
Dentro de consulta, lo que busco es sencillo: sentarme a tu lado, sin juicios, a tu ritmo, para que esa soledad se acompañe un poco mejor. Cuídateme. 🫂