sobre qué es el trauma

¿Y si el trauma no fuera lo que te pasó, sino lo que no pudiste hacer con ello, y que no hubo nadie cerca para acompañarte?

Hoy quiero hablarte de qué es el trauma, y de por qué se parece mucho menos a un recuerdo malo y mucho más a una información congelada en el tiempo. Soy Andrea Doadrio, psicóloga sanitaria en Hortaleza (Madrid), y hoy quiero contarte otra manera de mirarlo.

Una cultura que prefiere anestesiar el dolor

Venimos de una cultura de la negación, de esas que no dejan tiempo para acompañar el dolor y que nos empujan, con mucha amabilidad y mucha prisa, a anestesiarlo, a pasar página, a ser fuertes y a que no se note.

Quizá por eso el trauma aparece y desaparece de la conciencia colectiva como un invitado incómodo: el shell shock se describió en la Primera Guerra Mundial, volvió a taparse cuando ya no convenía mirarlo y resurgió con fuerza tras la guerra de Vietnam. Lo que no se acompaña, se esconde, y lo que se esconde, vuelve.

Qué es el trauma: Andrea Doadrio, psicóloga en Hortaleza, escribiendo en su consulta

Lo que no se acompaña se esconde, y lo que se esconde acaba volviendo.

Qué es el trauma (y qué no es)

El trauma es el resultado de vivir un acontecimiento estresante e inevitable que sobrepasa nuestros recursos de afrontamiento. Hay personas más resilientes y otras menos, claro, pero todos/as tenemos un umbral de ruptura, y cruzarlo no dice nada malo de ti, dice que eres humano/a.

Siguiendo a Peter Levine, el trauma no vive en el hecho en sí, sino en habernos quedado atrapados en respuestas primitivas de supervivencia, sin poder completar la respuesta física y emocional ni descargar la energía que el cuerpo había movilizado. Y hay algo más que cambia mucho la mirada: el trauma se produce en ausencia de un testigo empático, de modo que lo que más daña no es solo lo que ocurrió, sino que no hubiera nadie que nos protegiera y nos acompañara.

Por eso el trauma no es una enfermedad, es una experiencia humana enraizada en el instinto de supervivencia. Si quieres saber cómo lo trabajo en consulta, te cuento más en la página de terapia de trauma.

En resumen: el trauma no es lo que pasó, sino lo que quedó sin completar y sin testigo; no es una enfermedad, es información congelada en el tiempo.

Fobia al recuerdo: por qué la palabra sola no basta

Ya a finales del siglo XIX, los primeros estudios sobre la disociación observaron algo fascinante: cuando una emoción es demasiado intensa, la experiencia no puede integrarse en la memoria narrativa. El terror se convierte en una fobia al recuerdo, que lo fragmenta y lo aparta de la conciencia ordinaria.

Lo que no se integra no desaparece, queda guardado en forma de imágenes, sensaciones del cuerpo y conductas, y vuelve como si el pasado siguiera ocurriendo en el presente. Bajo una activación extrema, además, las zonas del cerebro que ponen palabras y sitúan la vivencia en el tiempo pierden protagonismo, y por eso muchas veces contar no basta, porque el recuerdo está en el cuerpo.

Levine lo ilustra con los animales salvajes: cuando escapan de un depredador, tiemblan y se sacuden hasta descargar la energía de la amenaza, y después vuelven a pastar tan tranquilos. En las personas, esa descarga suele interrumpirse por la vergüenza, por el control o por no tener un lugar seguro donde temblar, y la terapia busca completarla poco a poco 🫂

Cómo puede asomar el trauma en el presente

Lo más dañino del trauma suele ser la desconexión, de nuestra propia esencia y de los demás. En clase se explica con dos metáforas que me encantan por lo claras: la herida en carne viva, hipersensible a cualquier roce, y la costra rígida e insensible que protege una herida que sigue debajo. Quizá te reconozcas en una, en la otra o en las dos, según el día:

  • Reacciones que parecen desproporcionadas a un gesto, un olor, un tono de voz o una situación que, en teoría, no debería afectarte tanto.
  • Sensaciones del cuerpo sin explicación como un nudo, una opresión o un sobresalto constante, que llegan antes que cualquier pensamiento.
  • Imágenes o escenas que vuelven sin que las hayas llamado, como si el pasado se colara por la ventana.
  • Vergüenza de fondo esa sensación de que algo falla en ti, cuando lo que falló fue el contexto.
  • Dificultad para entregarte sensación de traición, miedo a depender y tendencia a protegerte con distancia o con coraza.
  • Aislamiento y soledad porque estar solo/a se siente más seguro que arriesgarse a que alguien vuelva a hacerte daño.

Cómo empezar a acercarte con cariño

Sobrevivimos huyendo del dolor, pero solo sanamos volviendo a él con cariño, para reapropiarnos de las partes de nosotros/as mismos/as que desterramos para poder seguir adelante. Y se puede hacer sin prisa:

  • Empieza por la seguridad antes de mirar nada, que tu cuerpo sienta que está a salvo y que puedes parar cuando quieras.
  • Ve despacio no hay prisa ni medalla por llegar antes, y la fuerza solo genera resistencia.
  • Escucha al cuerpo porque es donde está guardado lo que las palabras todavía no alcanzan.
  • Cuenta tu historia a alguien que te escuche sin juzgar, porque el trauma es silencio y la cura empieza por romperlo.
  • No lo hagas solo/a un/a profesional puede ser ese testigo empático que entonces no estuvo.

Y quiero decírtelo claro y con cariño: no estás roto/a. Fuiste una persona normal adaptándote a un contexto que no lo era, y esas adaptaciones, que un día te salvaron, a veces se quedan cuando ya no hacen falta.

A veces toca sentir, a veces toca pensar, y a veces lo más valiente es simplemente dejar que alguien se siente a tu lado mientras lo uno y lo otro ocurren. Eso también cuenta como avanzar 💛

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Psicóloga sanitaria y social · Colegiada M-32242 · EMDR e hipnoterapia

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