¿Y si eso que llevas meses llamando estrés no se va a ir solo, aunque termine ya de una vez la temporada que se supone que lo justifica?
Hoy quiero hablarte de esa pregunta que me hacéis tantísimo en consulta, la de si lo que sentís es ansiedad o estrés, si es el estrés del bueno, del que aprieta y luego afloja, o si ya es otra cosa, algo que se queda encendido aunque el motivo que lo prendió se haya ido hace tiempo. Soy Andrea Doadrio, psicóloga sanitaria en Hortaleza (Madrid), y hoy quiero contarte otra manera de mirarlo.
Ansiedad o estrés: no son la misma alarma
El estrés, casi siempre, tiene nombre y apellido, es el proyecto que entregas el jueves, la mudanza, esa conversación pendiente con tu jefe o con tu hermana, algo concreto que empieza y que, tarde o temprano, termina, y con él baja también la tensión, como si el cuerpo supiera que ya puede soltar. La ansiedad es otra criatura, más difusa y más terca, no necesita que pase nada en concreto para encenderse, y sigue ahí incluso cuando, en teoría, ya deberías poder respirar tranquilo/a.
A mí me gusta pensarlo así, con permiso de Yalom: el estrés casi siempre habla de una amenaza fuera, y la ansiedad, muchas veces, habla de algo más incómodo todavía, de la incertidumbre de estar vivos, de no controlarlo todo por mucho que lo intentemos, y eso no se soluciona tachando una tarea más de la lista.
El estrés te avisa de que hay un examen. La ansiedad te avisa de que, para tu cuerpo, el examen no ha terminado nunca, aunque lo aprobaras hace años.
Por qué cuesta tanto distinguirlos
Porque se visten igual, claro, con el mismo pulso acelerado, el mismo nudo en el estómago, la misma cabeza que no para, y porque además a muchos nos han enseñado a normalizar los dos por igual, como si vivir cansado/a, en alerta y sin dormir bien fuera simplemente el precio de ser adulto/a y tener responsabilidades. Y no digo que el estrés no canse, claro que cansa, pero hay una diferencia entre estar cansado/a de correr y no poder parar de correr aunque la carrera ya se haya terminado.
Muchas veces llegáis a consulta diciendo estoy muy estresado/a, y a los diez minutos de hablar aparece algo que lleva ahí meses, incluso años, mucho antes de que existiera el motivo al que ahora le ponéis nombre. Eso ya no es solo estrés, aunque el estrés le haya dado la excusa perfecta para hacerse notar.
La diferencia que de verdad importa
Si tuviera que quedarme con una sola pregunta para diferenciarlos, sería esta: cuando el problema se resuelve, ¿tu cuerpo se entera? Si la respuesta es sí, si al terminar el proyecto, cerrar el tema o descansar el fin de semana notas que algo afloja de verdad, es muy probable que estemos hablando de estrés. Si la respuesta es no, si el problema desaparece y la alarma se queda encendida buscando otra cosa de la que preocuparse, ahí es donde suele empezar la ansiedad. Si quieres profundizar en cómo trabajamos esto en consulta, tienes más información en esta página sobre ansiedad.
En resumen: entre ansiedad o estrés, la clave está en si la alarma se apaga al resolverse lo que la encendió, o si se queda encendida aunque ya no haya nada delante que la justifique.
Señales de que ya no es solo estrés
Aquí van algunas señales que suelo escuchar en consulta, no como lista de síntomas para autodiagnosticarte a las tres de la mañana, sino como una invitación a mirarte con más curiosidad y menos prisa:
- La alarma sigue sonando cuando el problema ya pasó, aunque el examen haya salido bien, sigues repasando cada frase que dijiste.
- El cuerpo se activa antes que el pensamiento, notas el pecho apretado o el estómago revuelto y solo después buscas una razón para justificarlo.
- Te cuesta parar aunque no tengas nada urgente entre manos, el descanso, en vez de aliviar, te pone nervioso/a, como si no te lo hubieras ganado.
- Anticipas lo peor casi por costumbre, antes de que pase nada ya has vivido, mentalmente, cinco versiones distintas del desastre.
- Duermes mal por lo que podría pasar, no por lo que ha pasado, la cabeza se va sola a mañana, a la semana que viene, a un futuro que todavía no existe.
Cómo empezar a cuidarte si es ansiedad
No hace falta que llegues a consulta con esto ya entendido ni resuelto, faltaría más, pero sí hay algunos gestos pequeños que ayudan a bajar el volumen mientras encontramos, juntas, de dónde viene realmente la alarma:
- Ponle nombre sin pelearte con ella, decir esto es ansiedad, no me está pasando nada malo ahora mismo, ya baja un poco el volumen.
- Dale a tu cuerpo pruebas de que está a salvo, los pies en el suelo, el aire saliendo más despacio de lo que entra, cosas pequeñas que le recuerden al sistema nervioso que no hay ningún tigre delante.
- Pregúntate qué necesidad real hay debajo de la alarma, descanso, límites, certezas que nadie te puede dar del todo, a veces la ansiedad solo pide que la escuches, no que la quites.
- No dejes que organice toda tu vida alrededor de evitar, cada cosa que evitas por si acaso le da un poquito más de terreno.
- Pide ayuda si esto lleva ya tiempo instalado, no necesitas esperar a estar peor para merecer acompañamiento.
A veces toca sentir, y a veces toca pensar, y buena parte de aprender a vivir con la ansiedad está en saber, en cada momento, cuál de las dos cosas toca ahora. No es debilidad no saber diferenciarlo solo/a, con lo bien que disimula la ansiedad de estrés normal y corriente.
Y si llevas tiempo dándole vueltas a si esto que sientes es solo cansancio de vivir a este ritmo o es ya otra cosa, quizá la pregunta no sea tanto qué es exactamente, sino qué llevas tiempo sin escuchar. 💛
Si notas que esto te está costando más de lo que te da, y te apetece hablarlo, escríbeme o reserva una primera llamada gratuita de 15 minutos. Aquí no hace falta que vengas con esto resuelto.
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