Haces todo lo que puedes y más, pero nunca sientes que sea suficiente.
Si te reconoces en el perfeccionismo y autoexigencia, quizá te suene: cumples, rindes, no fallas… y aun así sientes que podrías haberlo hecho mejor. Vives revisándolo todo, con miedo a equivocarte y a decepcionar. Soy Andrea Doadrio, psicóloga sanitaria en Hortaleza (Madrid), y te acompaño —en consulta y online— a que dejes de medir tu valor por lo que consigues.
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La autoexigencia puede ser un motor maravilloso, pero un verdugo agotador cuando no le pones límites.
Qué es el perfeccionismo y autoexigencia (y de dónde viene)
El perfeccionismo no es ser muy trabajadora. Es no poder parar hasta que algo esté perfecto, y aun así no quedarte tranquila. Es esa voz que no te permite descansar porque deberías estar haciendo algo más productivo.
El tema es que, cuando somos muy perfeccionistas, nos volvemos intolerantes a equivocarnos: no nos permitimos hacerlo mal. Por eso, da igual cuánto lo revises y trates de mejorarlo, nunca es suficiente, porque el problema de fondo es el miedo a equivocarte y a tomar una mala decisión.
A mi modo de ver, debajo casi siempre hay una herida antigua de no sentirse suficiente. Seguramente aprendiste que te querían por lo que hacías —por ser buena, responsable, quien no da problemas— y desde entonces cargas con la idea de que, para tener un sitio donde sentirte vista, tenías que trabajar duro para ganártelo.
Muchas personas muy exigentes viven intentando responder a ideales heredados —del padre, de la madre, de la cultura, del éxito, del reconocimiento— y, por el camino, dejan de preguntarse qué desean de verdad.
Quizá lo estás notando así
Pasa el ratón por encima de cada una. Si te reconoces en varias, este es tu sitio.
Nada de lo que haces te parece suficiente, aunque a los demás sí.
Te machacas por cualquier error, por pequeño que sea.
Bucles de «¿y si…?»: le das mil vueltas antes de decidir.
Te cuesta delegar o pedir ayuda: si no lo haces tú, no está bien.
Procrastinas por miedo a no hacerlo perfecto.
Descansar te hace sentirte culpable: sientes que siempre podrías hacer más.
Exigirte más no te hace mejor. Solo te deja más lejos de disfrutar de lo que ya haces.
¿Te reconoces en varias de estas?
Cuando crees que tu valor depende de lo que logras, el descanso y el ocio también se vuelven tareas. Y vas perdiendo cualquier espacio de disfrute, placer y diversión. En terapia podemos conseguir que aprendas a equivocarte sin hundirte, a soltar el control sin sentirte vulnerable y a sentirte valiosa aunque estés haciendo la absoluta nada.
Cómo es trabajar conmigo
No voy a darte más técnicas para rendir mejor (faltaría más). Para mí, lo que cura es el vínculo: sentarme a tu lado y mirar contigo de dónde viene esa voz que nunca te deja en paz. A veces solo necesitas a alguien que sostenga contigo lo que te exiges; para eso estoy.
Nos sentamos juntos/as
Empezamos por cómo llegas hoy, sin exigirte también aquí.
Miramos de dónde viene
De dónde vienen esos mandatos que absorbiste casi sin darte cuenta —los introyectos— sobre cuánto tenías que exigirte para valer.
Aprendes a soltar
A equivocarte sin castigarte, a descansar sin culpa y a cambiar el «lo debo hacer» por el «¿qué quiero hacer con esto que estoy viviendo?».
El perfeccionismo y autoexigencia tienen muchas caras
No siempre se nota. A veces va por dentro, disfrazada de «ser responsable». Estas son algunas de las que más veo en consulta:
- Perfeccionismo: nada está nunca del todo bien, siempre le ves un «pero».
- Síndrome del impostor: crees que tu mérito es suerte y que un día te van a «pillar».
- Complacer para no fallar a nadie: te exiges estar para todos. Lo trabajamos también en dependencia emocional.
- Autoexigencia y ansiedad: el cuerpo en tensión constante por no fallar. Mira también ansiedad.
- Autoexigencia hasta el agotamiento: rindes y rindes hasta vaciarte. Mira también estrés laboral y burnout.
- Miedo a decidir: los «¿y si…?» te bloquean por no equivocarte.
Elegir también es renunciar
Desde la mirada existencial, elegir siempre implica renunciar a algo. Por eso el perfeccionismo busca la decisión perfecta: es una forma de no tener que responsabilizarse del error. Pero, como recuerda el psiquiatra Irvin Yalom, no existe una vida sin pérdida ni una elección perfecta.
Aceptar esa incertidumbre —que equivocarse es parte de vivir— es justo lo que nos permite crecer y, por fin, soltar un poco.
Cuando consiga esto… entonces podré relajarme.
Y ese entonces nunca llega.

Hola, soy Andrea
¿Alguna vez has sentido que cargabas tú sola/o con algo, deseando que alguien se sentara a tu lado? Yo sí. Y de ahí nace todo esto.
Me hice psicóloga porque conozco de cerca esa sensación de sentirse sola, y no quiero que nadie tenga que atravesar sus momentos difíciles sin compañía. Mi trabajo es, sencillamente, sentarme a tu lado.
Fuera de consulta me vas a encontrar viajando para probar la comida más rara que exista, con un libro de Brandon Sanderson o el anime de la temporada, y haciéndole mil fotos a mi perro Korgo 🐶. Si te apetece que te acompañe, aquí estoy.
Cuídateme. Un abrazo, Andrea.Psicóloga sanitaria y social · Colegiada M-32242 · EMDR e hipnoterapia
Dos formas de acompañarte
¿Empezamos? Me importa que te importe.
Preguntas frecuentes
¿Cómo es el primer contacto?
Antes de nada nos conocemos en una llamada corta de 15 minutos, gratuita y sin compromiso. Me cuentas qué te pasa, resolvemos dudas y vemos si encajamos. Sin prisa y sin tener que preparar nada.
¿El perfeccionismo no es algo bueno?
Tener estándares y cuidar lo que haces no es un problema. El problema aparece cuando nunca es suficiente, te machacas por cada error y tu tranquilidad depende de cumplir. Ahí deja de ayudarte y empieza a pesarte.
Si suelto la autoexigencia, ¿voy a rendir peor?
Es el miedo más habitual, y no. La idea no es que dejes de esforzarte, sino que lo hagas desde el disfrute y no desde el miedo a fallar. Se rinde mejor, y sobre todo se vive mucho mejor.
¿De dónde viene tanta autoexigencia?
Casi siempre se aprende pronto: cuando de pequeña notaste que te querían o te valoraban más por lo que hacías que por quién eras. Tu cuerpo aprendió que había que ganarse el cariño, y ahí nace la exigencia. Verlo así ya alivia.
¿La autoexigencia tiene que ver con la ansiedad?
Muy a menudo van juntas: el miedo a fallar mantiene el cuerpo en tensión y en alerta constante. Cuando aflojas la exigencia, la ansiedad también baja. Lo trabajamos también desde la ansiedad.
¿Esto se puede cambiar de verdad?
Sí. La autoexigencia se aprende, casi siempre muy pronto, y lo que se aprende se puede revisar. No para volverte otra persona, sino para dejar de tratarte como a nadie tratarías.
¿Funciona la terapia online?
Sí. Atiendo en mi consulta de Hortaleza y online para toda España. Lo que cura es el vínculo, no el lugar.
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